por Albert Sales i Campos

El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) se ha apropiado de alimentos de un establecimiento de la cadena Mercadona en Écija y de un supermercado Carrefour de Arcos de la Frontera para redistribuir los mismos entre la población necesitada. La elección de estos establecimientos por parte del SAT no es casual pues la acción no es un simple asalto fruto de la desesperación sino una acción política que pretende cuestionar las raíces del sistema de estratificación social y de distribución de la riqueza de nuestra sociedad. Los y las sindicalistas no han entrado en la frutería de María Isabel para llevarse verduras, ni en el “ultramarinos” de José Luís para llevarse latas de atún. Han escogido Mercadona y Carrefour, las dos empresas con mayor cuota de mercado alimentario del Estado español.

Y es que aunque los libros de Primaria dibujen sonrientes carniceras o verduleros para ilustrar los temas referentes al comercio y a la alimentación, la verdad es que si preguntamos a los niños y niñas donde se compran la carne o el pescado, serán muy pocos los que se refieran a la carnicería o la pescadería en primer término. Cada vez son más las familias que acuden a supermercados o hipermercados para llenar la nevera hasta los topes pasando por un solo establecimiento. Pero lo que hoy parece el estado natural de las cosas es, en realidad, un fenómeno muy nuevo. El primer hipermercado del Estado español se abrió en 1973, en 1980 había sólo 5 y hoy son varios cientos los que salpican la geografía. El formato supermercado nació a finales de los 50 impulsado por la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes. Hoy, la mayor parte de los habitantes del país encontrará alguno de los casi 7.000 establecimientos de autoservicio a su disposición junto a la puerta de casa.

Estos miles de establecimientos de distribución comercial son propiedad de un número muy limitado de empresas. Carrefour, Mercadona y Eroski concentran el 47% de las ventas de productos alimenticios en formato autoservicio. La mayoría de las corporaciones dedicadas a la distribución alimentaria también actúan en otros sectores. A nivel internacional, empresas como Walmart, Lidl, Aldi o Carrefour, se están convirtiendo en el espacio habitual donde los consumidores y las consumidoras adquieren ropa, material electrónico, menaje del hogar, viajes, servicios de telefonía, y hasta pólizas de seguro. La importancia de la distribución comercial ha levantado a una empresa de comercialización minorista, la estadounidense Wal-Mart, entre las tres compañías con mayor facturación del planeta.

A pesar de que las grandes empresas minoristas ponen muchos esfuerzos en publicitar de qué forma nos facilitan la vida, no faltan críticas a su modelo de negocio y a sus abusos de poder. La relación entre el poder de las grandes superficies comerciales y la depreciación de los productos agrícolas es ampliamente conocida gracias, sobre todo, a las movilizaciones que los agricultores llevan a cabo cada cierto tiempo. La Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra denunciaba el pasado verano que mientras el consumidor estaba pagando unos 4 euros por un kilo de melocotones, el productor estaba recibiendo no más de 80 céntimos, por poner sólo uno de los muchos ejemplos de márgenes desorbitados y injustificables que imponen las empresas de distribución.

En el terreno de las relaciones laborales, sindicatos y movimientos de defensa de los derechos laborales han denunciado prácticas antisindicales tanto en centros de trabajo dedicados a la producción para estas empresas como a los centros de comercialización. En 2007, por ejemplo, sindicatos alemanes, franceses, rumanos, checos y polacos coodinaron sus movilizaciones para protestar por la política de recursos humanos de Lidl. Desde 2008, la Campaña Ropa Limpia internacional ha puesto en marcha la iniciativa Better Bargain para exigir a Lidl, Aldi, Carrefour, Tesco y Walmart, cambios en sus políticas de suministro después de constatar las condiciones de explotación en la factorías que producen ropa para estos súper e hipermercados que se detallan en el informe “Pasen por caja”.

También son cada vez más las organizaciones ecologistas críticas con la insostenibilidad de las prácticas de los gigantes de la distribución por las distancias recorridas por los productos, la movilidad en la que se obliga a las personas consumidoras, la excesiva utilización de envases o el deterioro de los sistemas de producción tradicionales. Un estudio de Amigos de la Tierra de 2008 señalaba que un supermercado produce tres veces más emisiones de dióxido de carbono por metro cuadrado de superficie de venta que una tienda tradicional. Otro trabajo realizado presentado en Cataluña en mayo de 2010 aseguraba que comprar en un supermercado conlleva un gasto de energía a 6 veces superior que hacerlo en un mercado tradicional.

El tejido urbano y sus relaciones sociales dependen en gran medida de cómo se articula la actividad comercial. Una red densa de establecimientos comerciales de proximidad genera un uso de las calles y el espacio público que va más allá del mero tránsito entre la vivienda y el lugar de trabajo. Los espacios de intercambio y de conocimiento mutuo entre vecinos que se dan en los ejes comerciales de los barrios y las ciudades se deterioran sustancialmente cuando el número de negocios se reduce por el efecto concentración que ejercen los supermercados e hipermercados. En algunas zonas rurales de EEUU se habla ya del efecto Walmart consistente en el impacto combinado de la destrucción del pequeño comercio por la competencia de esta gran cadena, y la progresiva desaparición de los negocios y profesionales como carpinteros, vidrieros o asesores fiscales, que trabajaban para los negocios familiares y que ahora no tienen clientela.

Crecen las iniciativas críticas con el modelo de negocio que representan las grandes cadenas de distribución globales hasta el punto que el día 17 de noviembre se ha señalado como día internacional de lucha contra el supermercadismo. Pero se reducen las opciones de que disponemos los consumidores y consumidoras para acceder a los productos básicos y se minimizan los canales de distribución a través de los cuales los productores pueden llegar a comercializar su producto. 110 cadenas de distribución y centrales de compras monopolizan la relación entre las personas consumidoras europeas y los agricultores y las empresas de alimentación. Estas 110 empresas imponen sus condiciones a ambos extremos de la cadena y exigen un producto al servicio de sus necesidades logísticas, dejando fuera del mercado a explotaciones agrícolas familiares, y en muchas pequeñas empresas de transformación.

La irrupción de los sindicalistas del SAT en Mercadona y Carrefour me recuerda a las acciones de denuncia que algunos activistas londinenses llevaron a cabo durante los noventa. Entraban a un supermercado, llenaban el carro y cuando pasaban por caja se ofrecían a pagar con su trabajo, ya que de dinero no tenían. Lógicamente, los activistas se encontraban con el dilema de dejar el carro o marcharse sin pagar, ya que su trabajo no era aceptado como moneda de cambio. ¿Podemos hablar de robo?

Más información:

Campaña Supermercados, no gracias!

Un sistema de distribución, un sistema de producción

Miles de millones de personas son incapaces de imaginarse ya su vida sin los supermercados. Pero, mientras empujamos nuestros carros de la compra, ¿qué fuerzas nos empujan a nosotros?

1. Los supermercados dominan la cadena alimentaria.
Hace un siglo, las empresas que controlaban el comercio mundial de alimentos -Cargill, Louis Dreyfus, Continental Grain y Bunge- eran mayoristas. Hoy, esos gigantes han quedado empequeñecidos al lado de los supermercados que gobiernan el sistema alimentario global, desde la granja hasta el plato. La estadounidense Walmart, la cadena comercial más grande del planeta, tiene unas ventas superiores al 2% del PIB de EE UU, y, con los 2,1 millones de dependientes, encargados de almacén y responsables de logística que trabajan en sus 8.416 tiendas, desde Shenzhen hasta Shreveport, es una de las empresas con mayor número de empleados del mundo; sólo el Ejército chino cuenta con más gente en su nómina. Los supermercados dieron el primer salto a los países en vías de desarrollo en los 90; en la actualidad, representan más de la mitad del comercio minorista de alimentos en Latinoamérica y China.

2. Pero eso no significa que todos comamos lo mismo.
El éxito en Asia de Carrefour, la poderosa cadena francesa, no se produjo porque Oriente, famoso por su intolerancia a la lactosa, desarrollara de pronto un antojo de queso brie. A diferencia de McDonald’s, los supermercados no se limitan a imponer a otros los prejuicios culturales de sus países de origen: en Pekín, Walmart vende tortugas vivas para hacer sopa y presume de tener crema hidratante hecha con placenta de oveja (una legendaria reductora de arrugas). Ahora bien, los supermercados sí son factores importantes en lo que los epidemiólogos llaman la transición nutricional: los alimentos frescos, locales, están perdiendo terreno ante unos artículos procesados que suelen tener más sal, grasas y azúcar, y son mucho más rentables para las tiendas. ¿El resultado? Un aumento espectacular de los índices de obesidad en todo el planeta.

3. A la hora de hablar de vigilancia, la CIA no es nada en comparación con los supermercados.
El primer supermercado de la historia, King Piggly Wiggly en Memphis, Tennessee (EE UU), guiaba a los compradores de 1916 a través de un laberinto de pasillos alambrados para hacerles pasar por todos los artículos antes de llegar a la caja. El Gran Hermano de los supermercados actuales es mucho más sofisticado: las tecnologías modernas como el etiquetado con identificación por radiofrecuencia y la obtención de datos -la única base de datos con una capacidad superior a la de Walmart es la del Pentágono- sirven para vigilar los hábitos de los consumidores y fomentar al máximo las compras impulsivas. Es muy probable que la familia Walton (dueña de Walmart) sepa más de una persona china corriente que el director de la CIA, Leon Panetta.

4. A los supermercados no les gustan los pobres.
Cuando llegaron los primeros Carrefour y Tesco al sureste asiático y Latinoamérica, escogieron emplazamientos en las zonas más elegantes de Bangkok y Buenos Aires. Los supermercados tienen costes elevados -una sucursal normal guarda reservas de cientos de miles de artículos- y márgenes escasos: el beneficio depende del volumen de compra. Por consiguiente, estas tiendas de grandes cajas buscan consumidores con coches, un indicador de riqueza importante en los países en vías de desarrollo. Lo irónico es que los supermercados suelen ser más baratos que otras tiendas locales; una caja de cereales puede ser un 40% más cara en ellas que en una gran superficie.

5. La variedad es un engaño.
El auténtico genio malvado de las grandes cadenas no está en la lasaña congelada; está en el imperio logístico que hace falta para llevar plátanos desde una plantación en Honduras hasta el supermercado local. La variedad estacional se ha sacrificado debido a la facilidad de transporte, y las granjas con más capacidad de ofrecer una monótona colección de frutas y hortalizas con carne resistente a los golpes y piel de cera han ganado la batalla. Por suerte, ha habido una reacción: han empezado a proliferar los mercados urbanos de productos locales, tanto en la neoyorquina Union Square como en el distrito Shibuya de Tokio, y los grupos de agricultores y consumidores están experimentando con nuevas tecnologías para distribuir la agricultura local. Es posible que estos nuevos supermercadillos sean el futuro de los alimentos.

Las Grandes Cadenas de Distribución: El neoliberalismo oculto en nuestra vida cotidiana.

Una acción rutinaria como esperar el transporte público, puede terminar dando elementos para analizar las transformaciones culturales producidas por la presencia de Grandes Superficies y Cadenas de Supermercados: Los buses y busetas no indican su transitar por barrios y calles, sino que sus rutas señalan si pasan por frente a un almacén de la cadena Carrefour o Éxito, por ejemplo.

Otro elemento interesante tiene que ver con las transformaciones en el lenguaje y los significados dados a las palabras. En Bogotá, es normal referirse al dueño del minimercado de barrio o al tendero con la expresión “vecino”, con lo cual se identifica a esta persona como parte del entorno más próximo y cotidiano, habitante del barrio, de la cuadra, etc., con un aire de familiaridad si se quiere. Como parte de su proceso de expansión el grupo Éxito ha venido implementando los supermercados “Éxito Vecino”, modelo con un tamaño mucho menor al de los grandes almacenes y que tiene por finalidad hacerse a los clientes de localidades y sectores no centrales o cercanos a una gran superficie de dicha compañía.

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Galicia Hoxe. 2 de diciembre de 2009.

Gustavo Duch Guillot

Todas las noches en los callejones y patios traseros de los supermercados, los contenedores de basuras se atiborran de comida que no pudieron vender, aunque se puede comer. De bastante comida. Dos ejemplos: con el volumen que desechó Carrefour en el 2005 podrían haber comido unos 110.000 españoles durante 365 días. Y según los datos del Worldwatch Institut de Washington, en EE.UU. se tira a la basura entre el treinta y el cuarenta por ciento de los comestibles de los supermercados. Mucha gente sabe eso, y saben también en qué lugares y a qué horas se producirá el descargue. Se hacen llamar los “containers”. Algunos lo hacen por la más pura necesidad, para su propia alimentación, otros por conciencia política y recogen acelgas, galletas o yogures a punto de caducar para centros sociales.

Pero la economía del consumismo no puede parar. Para asegurar reponer las estanterías de los supermercados el Gobierno permite y apoya el uso de la fuerza “disuasoria” de las armas en la flota atunera. Habrán visto las fotos de cómo generales en la reserva  o ex policías antidisturbios trasmiten sus mejores artes de puntería, de garrotazos y de “arriba las manos que disparo” a jóvenes con nóminas de aúpa. Se trata de garantizar nuestra seguridad alimentaria –dicen- con compañías privadas. Seguratas de la seguridad alimentaria.

Un poco violento, la verdad. En la Cumbre Mundial de la Alimentación celebrada en Roma, hemos visto que ahora lo que se lleva entre los países punteros es la compra de tierras. “Bienvenidos a los Emiratos Árabes” reza un letrero en el interior de Mauritania y medio Madagascar ya lo tiene apalabrado Corea del Sur. Mucho más elegante y barato nos saldría que España comprara Somalia al completo. En las fronteras diría, “Bienvenidos a Españolandia. Degusten nuestro marmitako”

Todo es circular. La colonización se perpetró con el uso de las armas y las doctrinas. Lo explicaba el Arzobispo Desmond Tutu, “cuando vinieron los misioneros a África tenían la Biblia y nosotros la tierra. Nos dijeron: vamos a rezar. Cerramos los ojos. Cuando los abrimos, teníamos la Biblia y ellos la tierra.”. Décadas después el credo que reverenciar ha sido la “Mano Invisible” del mercado. Cuando abrieron los ojos se encontraron rodeados por la Armada.

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La lista de la compra se reduce a cinco grandes empresas y a dos centrales de compra que ejercen la distribución de alimentos en el país. El precio de los productos aumenta mientras que el productor recibe cada vez menos dinero.

Paren el mundo que hay que reponer. Aquí y ahora. Pero antes puede elegir usted alguna de las cinco alternativas propuestas para abastecer su cesta de la compra: Carrefour (que también incluye a Día y Champion), Mercadona, Eroski, Alcampo y el Corte Inglés (con Opencor). Además, hay que sumar la distribución que llevan a cabo las dos principales centrales de compra, Euromadi e IFA. Oferta del día: flexibilidad de horarios con salarios reducidos, variedad de productos nacionales e internacionales precocinados y congelados, y la venta de alimentos de comercio justo y de agricultura ecológica para limpiar la imagen. Irresistible y no es ficticio. Según el informe Expo Retail 2006, estas cinco grandes empresas y las dos centrales controlan el 75% de la distribuP260909_16.570001ción de alimentos en el Estado español. Mucho ha llovido desde que en 1957 abriera las puertas el primer supermercado. ¿Dónde queda el pequeño comercio? Para Esther Vivas, autora del libro Supermercados, no gracias, la respuesta está clara: en la cuerda floja. La activista catalana afirma que con la crisis actual muchas pequeñas empresas se han visto obligadas a colgar el cartel de ‘se vende o alquila’ por la fuerte competencia de las grandes cadenas de distribución de alimentos. Pero la situación ya era familiar. “A finales del año 1998 había 95.000 tiendas en el Estado español. La cifra en 2004 era de 25.000 establecimientos. Hay que hacer algo urgentemente y todo pasa por cambiar la lógica actual de consumo”, declara Vivas.

Cadenas de distribución

Isidro Jiménez, de Ecologistas en Acción y de Consume Hasta Morir, reflexiona sobre un aspecto fundamental y que, según él, queda a menudo en el tintero: la nueva gestión del suelo provocada por la apertura de nuevos centros comerciales. “El actual modelo de crecimiento urbanístico privilegia a las grandes superficies como opción de compra y como centro de ocio, así que el pequeño comercio, con todos los beneficios que éste ofrece al consumidor y a la economía local, se ve amenazado”. Los datos reflejan, y cada vez más, cómo las compras de alimentos por parte del consumidor final están concentradas alrededor de las grandes empresas de distribución alimentaria. Ferrán García, coordinador de la campaña No te Comas el Mundo, impulsada por la plataforma rural en la que convergen colectivos ecologistas y de agricultores, lo explica: “Esta situación nos lleva a describir la cadena de distribución de alimentos como un embudo donde la gran distribución ejerce de cuello de botella en la relación comercial entre campesinos/ productores y consumidores”. Este monopolio tiene graves consecuencias para los diferentes actores que participan en la cadena comercial. “El diferencial entre el precio en origen de un producto (lo que la gran distribución paga al campesino) y el precio en destino (lo que se paga en el supermercado) es de un 400%, siendo esos grandes distribuidores quienes se llevan este beneficio”, recalca Vivas. Por lo tanto, el campesino cada vez recibe menos dinero por aquello que vende, el consumidor paga más por lo que compra y la gran distribución es quien sale ganando. Desde numerosos colectivos ecologistas se insiste en las alternativas a las grandes centrales de compra. Esta línea es la que sigue el economista francés Christian Jacquian, experto en ‘supermercadismo’ y autor del libro Las bambalinas del comercio justo, al confesar que con un 1% o 2% de consumidores que digan ‘así no quiero consumir’, el crecimiento de los grandes grupos agroalimentarios se retraería afectando a los grandes distribuidores. Xavier Montagut, economista especializado en comercio internacional, consumo responsable y comercio justo, y presidente de la Red de Consumo Solidario, confía en volver a controlar la cadena de alimentación empezando por comprar en los pequeños establecimientos y cambiar la legislación. “La administración es responsable de que no se potencie lo suficiente la agricultura ecológica de proximidad y que, por el contrario, no haya impuestos para productos que vienen de lejos”, apostilla Montagut.

EVOLUCIÓN ALIMENTARIA

¿ADIÓS A LA TIENDA? En España, el 81,9% de las compras de alimentos se realizan a través de los supermercados, hipermercados y tiendas de descuentos. Esta cifra contrasta con el 2,7% de la compra que se hace en las tiendas tradicionales y el 11,2% en tiendas especializadas.

FRESCO VERSUS PRECOCINADOS Las frutas y las verduras son un 16% más caras en los grandes supermercados que en los comercios especializados debido a que los platos precocinados y los productos enlatados suponen ya casi el 40% de la oferta en alimentación de las grandes superficies.

EXTINCIÓN En los últimos diez años han desaparecido en el Estado español diez explotaciones agrarias al día y la población campesina activa se ha visto reducida a un 5,6% del total. En los próximos 15 años habrá que importar el 80% de los alimentos necesarios.

IMPACTOS DEL CONSUMO POR PRODUCTOS

ARROZ El International Rice Research Institute (IRRI) ha anunciado que el precio del arroz se mantendrá alto en 2010 después de haber alcanzado récords en 2009. El portal Bloomberg ha vaticinado que en 2010 se pueden producir “revueltas del hambre” en Asia como las que se han dado en Haití a lo largo de este año.

CARNE La ganadería intensiva busca acortar los plazos para el sacrificio de los animales. Así, un pollo sobrevive entre 43 y 45 días en este tipo de granjas, mientras que en la minoritaria ganadería extensiva el plazo es de 80 días. Las condiciones de salud e inseminación han sido muchas veces denunciadas.

LANGOSTINOS El cultivo de langostinos afecta negativamente a los ecosistemas costeros de 50 países en zonas tropicales de todo el mundo. La acuicultura ha destruido el 75% de los manglares de Filipinas y el 38% de los de Bangladesh. El uso de antibióticos en su crianza ha causado problemas a varias marcas.

DÍA SIN COMPRAS

El próximo 27 de noviembre será el Día Internacional Sin Compras. Un día en el que Ecologistas en Acción propone una apuesta activa por otro modelo de consumo, donde el eje no sea la optimización de los beneficios empresariales a costa de sistemáticas injusticias sociales, la polarización de la riqueza y la dependencia del consumismo. A través de actividades programadas por todo el país se pretende que esta jornada sea algo más que un día de reflexión para convertirse en una apuesta decidida por un modelo de consumo social y ambientalmente sostenible.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/La-trastienda-negra-de-los.html

Albert Sales i Campos – Campanya Supermercats, no gràcies!

El conflicte d’interessos entre producció i distribució ha iniciat una nova etapa amb la crisi econòmica. Les gairebé omnipotents empreses agroalimentàries s’estan veient superades per les grans transnacionals de la distribució i de la venda al detall. A mitjans de febrer del 2009, Mercadona anunciava la possible retirada de 1.200 referències de les seves estanteries, que s’afegirien als 900 productes ja descatalogats des del novembre del 2008, tot reduint així la varietat d’oferta i limitant-la a un ventall de productes on les seves pròpies marques blanques cada cop tenen més presència relativa. El pretext per adoptar aquesta mesura fou facilitar l’accés dels consumidors i les consumidores a productes més barats tot mantenint la qualitat.

Però les polítiques comercials de les empreses de distribució no estan pensades per beneficiar a les persones consumidores, sinó per aprofitar el context per continuar acumulant poder econòmic i polític i, òbviament, beneficis. En temps de dificultats econòmiques les famílies redueixen les seves despeses i la demanda agregada de béns i serveis baixa, però hi ha productes bàsics que s’ofereixen a baix cost que experimenten un creixement en les seves vendes tot substituint altres de més cars. En les crisis prèvies als anys noranta, el consum de carn disminuïa sensiblement mentre el consum de llegums augmentava. Ara, l’alternativa de baix cost són les marques blanques i a les llars es compren menys iogurts Danone i més iogurts Hacendado.

Aquest canvi que es fa per necessitat s’acaba consolidant en els hàbits de consum perquè, en general, les marques blanques ofereixen un producte idèntic al de les empreses productores a un preu inferior perquè, en realitat, es tracta del mateix producte. En la majoria dels casos, l’empresa de distribució no produeix la seva pròpia marca, sinó que són els proveïdors els que venen una part o la totalitat de la seva producció etiquetada com a marca blanca. La venda dels seus productes com a marca blanca no és una estratègia gaire desitjable per les empreses productores doncs estan rebaixant els preus i competint amb els seus propis productes, però la realitat de la distribució les obliga a acceptar el tracte. Les cadenes de distribució condicionen la presència dels productes dels proveïdors als estants, així com la seva visibilitat als establiments, a acords relacionats amb la producció sota l’etiqueta de marca blanca (en lloc de l’etiqueta de l’empresa productora).

Perquè les transnacionals agroalimentàries accepten aquests tractes? Quan Mercadona fa fora els productes Danone de les seves estanteries, Danone perd l’accés a un 16% dels consumidors i les consumidores de l’estat espanyol. I de fet, no té un ventall d’alternatives massa ampli. A l’estat espanyol, el 47,1% dels productes alimentaris es compren a un establiment propietat de Carrefour, Mercadona o Eroski i les 5 primeres operadores abasteixen als consumidors i consumidores del 55,5% dels productes alimentaris. En les darreres dècades un nombre cada cop més reduït d’empreses s’han convertit en la nostra via d’accés al consum. Això dóna a aquestes empreses un enorme poder per imposar les seves condicions als consumidors i les consumidores i a les empreses productores. I si les empreses de distribució poden imposar-se enfront d’Unilever, Nestlé o Danone, quines possibilitats tenen els petits productors d’entrar en el mercat?

La lluita contra els abusos de les transnacionals agroalimentàries no ens ha de fer qüestionar allò que comprem sinó també l’establiment on ho comprem. La gran distribució alimentària ha estat capaç d’imposar les seves condicions davant les empreses productores per la progressiva concentració del sector de la venda al detall. La situació oligopolística de la distribució no beneficia als consumidors i les consumidores. Si bé és cert que les marques blanques ofereixen una alternativa de consum generalment més barata, també es cert que consoliden el poder de les empreses de distribució i les converteixen en l’únic canal d’accés als productes més bàsics destruint les possibilitats de supervivència dels petits negocis de producció, distribució i venda.

Replantejar-nos on comprem és tan o més important que pensar en què comprem. Ecològic o bio i de marca blanca en un súper pot semblar bo pel nostre cos i la nostra butxaca a curt termini. Però la reducció dels canals de distribució i comercialització dóna el poder a les grans empreses de decidir sobre els preus, les condicions de producció i la nostra manera de consumir.