por Agustí Cruz

(fuente: http://www.elblogalternativo.com/)

La famosa cafetera “Nespresso” de la transnacional suiza “Nestlé” y todos los sucedáneos subsiguientes de otras marcas arrasan en el mercado. Ahora hablan de reciclar sus capsulitas de aluminio en contenedores apropiados que la marca facilitará entre hoy y los próximos años, y que se ubicarán en sus tiendas de diseño.

Me he estado informando sobre el tema y, en efecto, el aluminio puede reciclarse al 100% siempre que se lleve al reciclaje. El problema es que no se recicla ni el 40% del aluminio que se fabrica, por cierto, con unos costes ambientales considerablemente altos en su producción (la mayoría del aluminio que se consume en el mundo sigue obteniéndose de forma virgen de la tierra, a partir de la bauxita, con graves daños medioambientales derivados de su extracción y procesamiento).

Por otra parte, los envases de “Nespresso” están aún bajo estudio ya que, aunque más del 90% de su composición es aluminio, el etiquetaje propio de la marca y la fina lámina de plástico que contiene el envase dificultan (aunque sólo en parte) su reciclaje.

Pero lo peor, por supuesto, es la realidad, no la teoría. El hecho de generar 50 gramos de residuos por cada 30 gramos de café, los miles de millones de cápsulas que nadie ha reciclado (el poso de café restante tras el uso queda “atrapado” en el interior de la cápsula, casi nadie se toma el trabajo de abrir la cápsula con un abrelatas, vaciar el poso y reciclar la cápsula), y que siguen y seguirán tirándose al contenedor de basura cada día en todo el mundo por más que “Nestlé” (fabricante y propietaria de “Nespresso”) anuncie a bombo y platillo que pondrá contenedores de reciclaje en diferentes puntos (de momento, solamente en Suiza) para acallar las voces que denuncian el enorme dispendio de aluminio en el medio ambiente (por más que algunos usuarios responsables traten de reciclarlo, una minoría absoluta de los mismos, desgraciadamente) y la promoción de la cultura de siempre: usar y tirar.

Además, la campaña de reciclaje surge como respuesta a las denuncias de organizaciones ecologistas y asociaciones de consumidores, para evitar nuevos boicots como los que “Nestlé” ya sufrió, de forma absolutamente merecida, en el pasado. Puro “Green Wash”, como se dice en argot ecologista.

Otro tema de debate es el afán monopolista de la compañía, el impedimento premeditado de poder usar ningún otro tipo de cápsula de café en su máquina y la obligación de comprarles a ellos la capsulitas o guardar la máquina en el armario, aunque eso ya es cuestión de las preferencias del consumidor, más deslumbrado por la publicidad, el diseño, los colorines, los actores famosos y el sabor que por la compra reflexiva.

Así que, en realidad, los vertidos de aluminio al medio ambiente se han incrementado en buena medida gracias a “Nestlé”, una de las 10 empresas de alimentación transnacionales más potentes del mundo y responsable de delitos probados contra la salud pública y el medio ambiente (campañas de “leche maternizada” en África contra la leche materna que han causado la muerte -claro está, indirectamente- a miles de niños según “Save the Children” y otras organizaciones, explotaciones de cacao que utilizan -claro está, indirectamente- cientos de “niños-esclavos”, reetiquetaje de leche caducada en Colombia y una responsabilidad directa sobre la deforestación en Indonesia por sus adquisiciones masivas de aceite de palma procedente de terrenos de bosque primigenio arrasado para cultivar palma -Nestlé ha estimulado este mercado aprovechando, probablemente, la corrupción política del país-).

En fin, creo que comprarle a “Nestlé” cualquier producto es financiar a una más de las grandes transnacionales con la moral en la cartera que explotan los recursos naturales y las poblaciones de países en desarrollo (eso sí, enriqueciendo enormemente a sus gobernantes y a los propios directivos de la empresa).

Por otra parte, “Nestlé” no deja de ser una empresa legal basada en las leyes discutibles del neoliberalismo globalizado y, por supuesto, somos libres de comprarle a quién queramos.

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