Desembre 2009


La campanya “Supermercats, no gràcies!” ja s’ha pronunciat en reptides ocasions sobre l’impacte de les marques blanques sobre els teixits productius i comercials de pobles i ciutats. Ara, un estudi de CCOO vincula el creixement de les marques blanques amb la pèrdua de llocs de treball en el sector agroalimentari i destaca que els treballadors de les marques blanques cobren salaris sensiblement inferiors als de la mitjana del sector.

Podeu descarregar-vos una síntesi de l’informe d’aquí

Des de la campanya volem recordar que denunciar els abusos que cometen les grans cadenes de distribució quan s’abasteixen per comercialitzar les seves marques blanques no significa defensar les empreses agroalimentàries com Nestlé, Unilever o Nutrexpa. Les marques blanques dels súpers i els hípers són l’estratègia de les empreses de distribució per acabar de fer-se amb el control del sector i imposar les seves condicions a productors i consumidors i consumidores.

Els productors agraris no poden sobreviure amb el que paguen Eroski o Mercadona pels seus productes. Estem enterrant la pagesia i les petites empreses de transformació per poder comprar més barat i això sí que és una crisi de debò. No és tracta de decididir entre diferents marques dins d’un súper.

Si volem mantenir un món rural i un teixit comercial viu el que hem de fer és anar al mercat o buscar vies per arribar directament als pagesos i les pageses, com les cooperatives de consum.

Anuncis

Galicia Hoxe. 2 de diciembre de 2009.

Gustavo Duch Guillot

Todas las noches en los callejones y patios traseros de los supermercados, los contenedores de basuras se atiborran de comida que no pudieron vender, aunque se puede comer. De bastante comida. Dos ejemplos: con el volumen que desechó Carrefour en el 2005 podrían haber comido unos 110.000 españoles durante 365 días. Y según los datos del Worldwatch Institut de Washington, en EE.UU. se tira a la basura entre el treinta y el cuarenta por ciento de los comestibles de los supermercados. Mucha gente sabe eso, y saben también en qué lugares y a qué horas se producirá el descargue. Se hacen llamar los “containers”. Algunos lo hacen por la más pura necesidad, para su propia alimentación, otros por conciencia política y recogen acelgas, galletas o yogures a punto de caducar para centros sociales.

Pero la economía del consumismo no puede parar. Para asegurar reponer las estanterías de los supermercados el Gobierno permite y apoya el uso de la fuerza “disuasoria” de las armas en la flota atunera. Habrán visto las fotos de cómo generales en la reserva  o ex policías antidisturbios trasmiten sus mejores artes de puntería, de garrotazos y de “arriba las manos que disparo” a jóvenes con nóminas de aúpa. Se trata de garantizar nuestra seguridad alimentaria –dicen- con compañías privadas. Seguratas de la seguridad alimentaria.

Un poco violento, la verdad. En la Cumbre Mundial de la Alimentación celebrada en Roma, hemos visto que ahora lo que se lleva entre los países punteros es la compra de tierras. “Bienvenidos a los Emiratos Árabes” reza un letrero en el interior de Mauritania y medio Madagascar ya lo tiene apalabrado Corea del Sur. Mucho más elegante y barato nos saldría que España comprara Somalia al completo. En las fronteras diría, “Bienvenidos a Españolandia. Degusten nuestro marmitako”

Todo es circular. La colonización se perpetró con el uso de las armas y las doctrinas. Lo explicaba el Arzobispo Desmond Tutu, “cuando vinieron los misioneros a África tenían la Biblia y nosotros la tierra. Nos dijeron: vamos a rezar. Cerramos los ojos. Cuando los abrimos, teníamos la Biblia y ellos la tierra.”. Décadas después el credo que reverenciar ha sido la “Mano Invisible” del mercado. Cuando abrieron los ojos se encontraron rodeados por la Armada.

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